jueves, 19 de julio de 2007


Cuando el amor se convierte en una condena

Grandes esperanzas

Great Expectations

¿Te imaginás enamorarse locamente de una mujer que ha sido educada para no amar y hacer daño a los hombres? Es duro ¿verdad? Pues este es el argumento de esta película basada en la novela de Charles Dickens.
Él, Finn, está condenado a amar y no solo a no ser correspondido, sino a ser cruelmente castigado por su amada.
Ella, Estella, está condenada a no enamorarse nunca de ningún hombre porque ha sido educada por una vieja multimillonaria desquiciada a la que dejaron plantada en el altar y desde entonces su única obsesión es vengarse de todos los hombres.
Dicen por ahí que la gente cambia con el tiempo. Puede que la vida nos haya forjado como seres vengativos, rencorosos o desalmados. De cualquier forma, al fundirse nuestro esqueleto, permanece sólo nuestra esencia, el material con el que estamos hechos. La gente no cambia, simplemente vive y todo lo que hace se transforma en duras lecciones o bellos recuerdos. A final de cuentas todos somos como éramos en el principio.




De ello trata en parte esta maravillosa cinta basada en la novela de Charles Dickens, la cual ya ha sido llevada al cine en anteriores ocasiones, pero que ahora adquiere una magia especial de la mano del director mexicano Alfonso Cuarón.

la película habla también del destino, el que es elegido por nosotros, por nuestros deseos, por nuestra terquedad y masoquismo. El amor no podía quedar fuera de contexto. Amor platónico, amor imposible, un amor que aunque la vida misma nos ha advertido que nos va a lastimar seguimos buscando con ansia, con deseos y con esperanzas. Las hermosas imágenes ideadas por Cuarón son exquisitamente interpretadas y traducidas en fotografía por Emmanuel Lubezki -también mexicano-, quien nos brinda encuadres memorables que llenan la pantalla y deleitan la pupila, siendo dignos de ser exhibidos en las mejores galerías de arte neoyorquinas.


Siento especial debilidad por esta película, pero esa atmósfera intimista, misteriosa y onírica que envuelve a toda la película le da un toque mágico. Sin duda a ello ha contribuido también la magnífica BSO de Patrick Doyle, una pieza musical hermosa con el momento cumbre del ya mencionado "Kissing in the rain".

En resumen, una bonita historia que viene a decirnos que no hay que perder la esperanza de ver como algún día la persona a la que amas te ama y te corresponde de igual manera. ¿Existe esperanza tan grande que esa en esta vida?


Su película está dibujada como un adaptación fiel y convincente del mundo de dickens. No hay simplificaciones, como en el relato inicial, la intriga central está representada junto con otras que se desarrolla paralelamente hasta que todas se unan en el desenlace.




Yo me retiro a seguir disfrutando de la magia del cine y de mi niños hermosos mientras les canto desquiciadamente al ritmo de “Bésame mucho”, no sin antes invitarlos a darle una oportunidad a este buen film que creo que les puede gustar -a algunos mucho más que a otros-, aunque es mi deber advertirles que les va a romper el corazón. Avisados están y espero que haya varios necios que aún así quieran verla. Puede que hasta terminen disfrutando su propio sufrir.

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